Los ociosos aprenden a hacer el mal. El trabajo es fuente de bien. El hombre que se gana su pan mediante el esfuerzo en una labor productiva adquiere dignidad y, con la dignidad, sentido del bien y el mal. El trabajo es el gran moralizador de los pueblos. El ocioso no tiene nada que perder, por eso encuentra valor en lo mal habido. El ocupado, aunque tenga poco, desprecia el mal. El hombre fue creado para que trabajase. No es aventurado afirmar que sólo se es hombre cuando se trabaja. La cura efectiva de la enfermedad criminal es el trabajo. HFigueroa

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