La vida seria, la que procede de los principios y la razón, es cosa rara en estos tiempos. El hombre actual no tiene principios, sólo intereses. Es por eso que la palestra política se inunda de frivolidad cada dos por tres. El sentido de lo que se puede o no hacer se perdió. Aquí hacemos lo que conviene a cada uno, aunque no convenga a nadie más. La decadencia de un pueblo llega justo después de triunfar el principio de la utilidad individual como norma social. Si gano yo, ganó todo el mundo. Es la fórmula ideal para perder todos. HFigueroa DL

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