
Cuando en una sociedad, más o menos organizada y moderna, la gente opta por hacerse justicia por sus propias manos, es que el sistema de sanción no está funcionando adecuadamente.
El sistema de sanción de un país lo constituye la policía, en sus diferentes variantes de policía preventiva, policía administrativa y policía investigativa, el Ministerio Público, que pone en causa a los imputados de los delitos y los tribunales de justicia, que juzgan las causas y determinan las sanciones.
Por supuesto, luego sigue todo el sistema penal y penitenciario y las diferentes medidas de coerción social y judicial.
Para que exista conformidad en la población, este sistema tiene que funcionar como un reloj suizo. Si la policía no previene ni captura, o si al capturar los fiscales no actúan, o los jueces no ejercen su papel, de acuerdo al espíritu de justicia prevaleciente en una sociedad, entonces esa sociedad se rebela y expresa su insatisfacción tomando la justicia en sus manos.
Desgraciadamente, todas las patas del sistema de sanción cojean en la sociedad dominicana.
La actual ola de linchamientos y agresiones lo que demuestra es que el compás de espera que la gente otorgó a la reforma judicial (entendiendo así al sistema de sanción), ya se agotó y demanda resultados.
No es un asunto de culpas, sino de carencias. Creo en el compromiso de todos los involucrados en el sistema, y que el mismo ha dado muestras de querer funcionar. Hay que seguir avanzando sin mirar atrás. A. Tejada (DL)

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