El Dios de todas las iras

Alguna vez oí hablar de un dios cruel que nos ha hecho a imagen y semejanza de él, pero ninguno como el dios de Israel, tan sediento de sangre y de venganza, tan repugnantemente odioso y sicopático, sicorrígido, homófobico, asexual y antifeminista, que deja ciego a un infeliz por hacerse la puñeta, ordena el exterminio de numerosas tribus y manda por divertirse a un tipo a sacrificar a su hijo, sacrifica pendejamente al suyo en aras de la redención de la humanidad cuando le habría bastado una varita mágica como la de Harry Potter y condena a los pecadores al fuego eterno del infierno, cosa que ni Nerón, ni Hitler, ni Stalin, ni Trujillo, ni Pinochet, ni los generales argentinos, ni siquiera quizás la secuela de criminales de guerra al mando del imperio norteamericano y nadie en general, a excepción de los agentes del Mossad, auspiciarían.

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