Concretamente, la "a". Es la letra que separa el destino del desatino. Y esa es la letra-duda que tiene a Leonel reflexionando sobre si su karma es ser candidato en 2012 o si debe acatar la Constitución. (Extraña duda para un presidente democrático.)
Probablemente haya tomado ya su decisión y esté allanando el camino mediático para las reformas necesarias.
Porque el problema ahora es que hay que hacerlo rápidamente. No falta tanto para las elecciones de 2012; en realidad un poco más de 18 meses para la inscripción de las candidaturas. Eso, en tiempos legislativos y para una reforma tan polémica, es un suspiro.
Pero estamos en julio de 2010 y con los problemas que enfrentamos, ese tema no debiera ocupar ni una página de periódico, ni una hora de radio o televisión... ni una valla. Aunque colaboradores bien cercanos al presidente Fernández han dicho en público que es impensable que se vuelva a postular, nada es impensable. Todos sus gestos, medidos en el tiempo y en la palabra, por acción o por omisión, indican que Leonel Fernández quiere seguir en el Palacio. (Claro que... ¡hasta Zapatero quiere seguir en el suyo!)
Bastó que Danilo Medina hablara de sus aspiraciones para que Leonel Fernández insinuara las suyas.
Medina es a Leonel, lo que Peynado a Balaguer: nunca lo apoyará porque nunca permitirá un liderazgo que le sustituya. Leonel busca su tercera/cuarta reencarnación y esta vez, además del voto, nos pide que acatemos su "destino". DL

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