Sólo el 10% de las instituciones del Estado cumplen con la Ley de Compra y Contrataciones Públicas. Por tanto, el 90% de las instituciones públicas se colocan fuera de la ley cuando manejan nuestro dinero.
Imaginen el mercado que se organiza de tráfico de influencias, nepotismo, comisiones ilegales, sobrevaloraciones, etc... Estamos vendidos.
La aversión a la transparencia que desarrollan los partidos políticos cuando dejan la oposición es digna de un estudio psiquiátrico profundo. ¿De qué sirven tantos organismos de control, tantas comisiones contra la corrupción, tantas declaraciones, si sencillamente se trata de cumplir la Ley y no hay la menor voluntad de hacerlo?
Quizá la DGII deba plantearse seriamente cambiar de objetivo. Dejar de husmear en nuestros agotados bolsillos y empezar a pedir concursos públicos, cotizaciones contrastadas y auditadas, pulcritud en los negocios públicos y las recaudaciones serán más jugosas.
El dominicano emigra y es un ejemplo de emprendedurismo. Aquí, montar una empresa, encaminar un negocio, levantar un proyecto es una carrera de obstáculos. Al frente, siempre, la competencia desleal de un allegado al gobierno de turno que se lleva el negocito.
Ser funcionario empieza a ser susceptible de engrosar la lista de los "sospechosos habituales" pero no es atribuible a la mala intención de una oposición amargada. Es la consecuencia lógica de un comportamiento inadmisible. IAizpun/DL

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