Los datos hablan por sí solos. Los capitaleños no sólo se sienten inseguros en su ciudad, sino que además, una buena parte de los ciudadanos no denuncian los hechos por desconfianza.
Los últimos sucesos no ayudan a cambiar esta percepción de la ciudadanía: dos muertos en los últimos días, por disparos de las patrullas que les ordenaban detenerse. La desconfianza ante la posibilidad de que fueran atracadores y no agentes del orden, impulsó a los conductores a continuar la marcha.
¿Qué puede hacer la Policía? ¿No debe exigir a las patrullas mayor profesionalidad, cuidado, otro comportamiento? Los ciudadanos tienen experiencias muy desagradables con las patrullas y esto debe ser entendido por los superiores de la Policía.
Es inadmisible un muerto más en estas circunstancias. Huir de una patrulla policial que sale de la oscuridad, no es un signo de insubordinación ni debe mover a sospecha. Debe entenderse que en la mayoría de los casos es un acto reflejo de defensa propia. Triste, pero cierto. DL
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