Se trata sólo de la más reciente en una serie de consecuencias de la apertura de las fronteras practicada por muchos países en desarrollo, así como de la postergación de los agricultores nacionales.
Esos países implementaron, como parte de acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, medidas de ajuste estructural que terminaron perjudicando al sector agrícola y socavaron su capacidad de producir alimento.
En tiempos de mayor control estatal, en los años 70 y comienzos de los 80, buena parte de los mercados alimentarios nacionales del Sur estaban en manos de juntas de comercialización estatales y de cooperativas.
Todo eso cambió en los últimos 20 años. El apoyo estatal a los agricultores cayó. A los pequeños campesinos se les aconsejó dedicarse al mercado internacional, mientras los mercados nacionales se abrían a la producción extranjera.
Más que apoyar los alimentos tradicionales y básicos de cada país, los gobiernos respaldaban a los exportadores. Se suponía que las "ventajas comparativas" de los productos elegidos para vender al exterior enriquecerían a ese sector y que los beneficios se diseminarían luego a toda la población.
Pero más que originar riqueza, la apertura expulsó a millones de los campesinos más pobres del mercado de sus propios países. Las importaciones sustituyeron lo que antes se producía a nivel nacional. En estos 20 años, las cosechas se redujeron severamente. . . Leer más
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